Y llevamos nuestra colección a los museos…
Pero antes, mucho antes, paseamos por la ciudad. Siempre d’aquí p’allá. En el ínterin nos encuentran cosas. No las buscamos, no las deseamos, no las esperamos. Ellas llaman por alguna razón nuestra atención y hacemos una colecta. La colecta reúne piezas similares o incluso idénticas, y a todas ellas les atraviesa una misma corriente estética. Disfrutamos con la magia de encontrar dos estrellas o tres flores de bugambilla fucsia en días y calles diferentes. Mientras alguien nos decía que teníamos el ojo entrenado a ciertas formas y colores, mientras nuestro lado racional decía que el ‘toc’ nos señalaba las cosas fuera de lugar, nuestro lado naïf se inclinaba por la poesía: ¿habrá duendes? Y establecimos reglas para la colecta. Todos debían tener algo de la misma familia, algo de otra, algo doble, algo animal, algo simbólico, algo en relación… Con el resultado, armamos conjuntos-colecciones. Pero ahí no queda la cosa.
¿Qué hacer con esos contenedores, con esa colección de objetos despojados de su historia? La respuesta nace de un lugar desconocido. Llega como llegan los objetos que llaman al ojo. Si son arte, pensamos, llevémoslas a los museos. Y eso hicimos… las llevamos…
… a las tiendas de merchandising donde todas las estanterías están repletas de objetos que soportan la reproducción técnica de un arte reproducible: tazas, almohadillas, cuadernos, pañuelos, bolsas. Objetos para vender a un público sediento por poseer. Poseer… al menos una copia.
… a las tiendas de merchandising donde cada objeto estampado con arte, tiene un precio bien visible en su etiqueta.
… a las tiendas de merchandising donde todo está nuevo, impoluto, inmaculado; donde todo es aséptico, igual a sí mismo, invariable, seriado.
Y ahí dejamos nuestra colecta de objetos que nos habían encontrado: una colección de arte encontrado.
Y recordamos a Guillermo Núñez. De él aprendimos que el arte tiene que venir del pueblo, convivir con el pueblo, ser para el pueblo.
Y dejamos allí, en las tiendas de merchandising de los museos de la ciudad, de forma clandestina, nuestra humilde y precaria obra de arte, sin ponerle ningún precio. El valor es inconmensurable. Dejamos allí una auténtica obra de arte arropada de buen olor, buena luz, buen hilo musical y buenas compañías perfectamente idénticas a sí mismas.
Sin Replica Posible es el título de esta acción.
Imaginamos que alguien podrá encontrarse con nuestras colecciones y querer comprarlas, o bien hacerse preguntas, pensar acerca del arte, el consumo, el espacio público, el espíritu de nuestro tiempo, el sentido del panfleto y un sin fin de otras cuestiones.
En el hipotético caso de que encuentres una de nuestras piezas ¿documentas el hallazgo? ¿nos lo dejas saber?












*Algunas imágenes del proceso.
